El Ajal-teké y el árabe
Muchos han hablado de las influencias que ambas razas se han ido ejerciendo a lo largo de la historia.
La cría del caballo árabe se inicia con el nacimiento y expansión del Islam. Los árabes utilizaron caballos que iban conquistando al enemigo. Y precisamente, Asia Central fue unas de las primeras áreas de la expansión árabe. Los autores árabes Al-Damari y Abu-Bekr- Ibn-Bedram hablan de caballos de rasgos típicamente turkmenos, como la yegua Sabkhakh (de color bayo dorado) y el semental palomino El Vadr, con capas bastante típicas en el Ajal teké, pero bastante raras en los árabes.
Otros autores (C. Raswan, E.Shille, V. Vitt) señalan que tras la invasión de Asia Central por los mongoles, algunas tribus turkmenas huyeron a Asia Menor y a Oriente Próximo. En las regiones en las que se asentaron empezaron los cruces entre sus caballos turkmenos y las yeguas árabes locales. Llegan incluso a señalar que estos cruces darían lugar al árabe muniqi. Este caballo se diferencia del árabe típico en su mayor talla, en formas mas largas y angulosas y en su mayor velocidad. Algunos de estos ejemplares serían llevados a Europa. Por ejemplo, el semental tordo plateado Gomosh-Born, que fue utlizado en la yeguada Vail, donde dejó numerosa descendencia. Algunos dudan que este caballo tan alto (160cm. en cruz), con una nariz convexa, y con un cuello que nace en la parte alta de los hombros, sea un árabe puro.
En nuestros días, otros investigadores, como el ruso O.A. Balashkin, reconoce algunas características del Ajal teké en la conformación del árabe sirio.
Tampoco hay que olvidar la posible influencia del árabe en el Ajal-teké, defendida por varios autores. Se dice que cuando los turcomanos se convirtieron al Islam, algunos peregrinos a la Meca trajeron de vuelta caballos árabes. También hay quien afirma que Tamerlán y Nadir Shah importaron caballos árabes a sus dominios.