Mientras que la cuna del pura sangre inglés es el hipódromo, la del ajalteké es el campo de batalla...
Los tekés eran una tribu de “dshiguits” (caballeros guerreros) cuya vida transcurría entre la defensa de sus campamentos y los ataques a los poblados o caravanas enemigas que a veces estaban a varios días de distancia. Por tanto, necesitaban criar un caballo ligero, fiel, que se adaptase a sus necesidades: austero, fuerte, extremadamente ágil, rápido y capaz de recorrer largas distancias: los tekés y sus caballos podían cabalgar muchas horas durante días sin apenas comida ni bebida, siendo capaces de soportar las altas temperaturas diurnas y las gélidas noches del desierto.
Esta selección hizo del teké un caballo con unas características excepcionales, que a veces escapan a los cánones occidentales. Un caballo bello, con gran presencia; es un atleta por naturaleza y un aristócrata equino. Ha sido llamado “el galgo del desierto”. No en vano, la periodista Irina Jienkina lo definió como "Una mezcla de serpiente, guepardo y águila".
El Cuerpo es longilíneo, y empieza con un pecho musculoso y profundo, más estrecho que el de un caballo de silla, si bien un pecho demasiado estrecho no será muy apreciado. Las espaldas son largas y musculadas y forman un amplio ángulo, algo que ha de tenerse en cuenta a la hora de encajar la silla. Las costillas forman un vientre fino, con poca cincha.
El dorso, que empieza en una cruz acentuada, es largo, y puede parecer débil, pero no lo será si termina en una grupa bien insertada en el lomo. La cola es baja.
El pelo es excepcionalmente fino, así como la piel. Las pilosidades poseen una estructura celular peculiar que le confiere su característico brillo metálico.
La cabeza es fina y elegante, con amplias mejillas. El perfil es recto o ligeramente acarneado. Los ojos son grandes y expresivos, normalmente en forma de almendra. A veces el párpado superior cubre ligeramente el ojo, formando lo que se conoce como "ojo encapuchado".
Los ollares son grandes y precisos, si bien el morro, metafóricamente hablando, deberá caber en una taza de te, siendo parecido al de una oveja. También la boca es pequeña y los labios finos y tiernos. La línea de la boca está a una altura superior a la cruz, característica típica de la raza. Las orejas son largas, finas y móviles.
Una característica muy apreciada en los tekés es el llamado "zatylok", esto es, la línea entre la cabeza y la nuca, que se espera que sea larga, amplia y bien definida.
El cuello es largo y fino, naciendo en la parte alta de los hombros. Las crines son escasas.
La piel fina de la cabeza deja entrever las venas, los músculos y la bien definida estructura ósea.
Las extremidades son largas y finas. Las anteriores suelen cerradas y rectas, con largos antebrazos. Las rodillas suelen ser bajas. Los cascos son pequeños y fuertes y los menudillos apenas tienen pelo.
Los movimientos son únicos, como el caballo mismo. Suaves, elásticos y poderosos, los ajal-teké avanzan como deslizándose, en un movimiento paralelo al suelo, con elevación, pero avanzando hacia adelante con un tranco ahorrativo y eficaz que resulta muy confortable para el jinete.
Temperamento y relaciones con los humanos
Siglos de cría selectiva han configurado no sólo su apariencia, sino su carácter. No hay que olvidar que los turkmenos criaban sus caballos tratándolos como a un miembro de la familia y se les alimentaba a mano. Esto ha hecho del ajal-teké un caballo sumamente sensible, y de inteligencia superior a otras razas.
Sin embargo, el mal carácter del teké es un mito bastante extendido en Occidente. Lo cierto es que éstos suelen ser caballos de un solo dueño. Algunos ejemplares se vuelven difíciles cuando son montados por extraños. La violencia –ya sea verbal o física- es bastante contraproducente, puesto que no sólo no se conseguirá lo deseado, sino que el caballo lo recordará durante algún tiempo. Por el contrario, responden muy bien al cariño y atención diarios. Llevan en la sangre el establecer estrechos lazos con los humanos. Son caballos que no convienen a caracteres nerviosos o irritables. Por el contrario, responde con absoluta obediencia, lealtad y brillantez a un jinete sensible.
Capas
Excepto píos, los hay de todo tipo: alazán, bayo, gris, crema, isabelino, negro, castaño, palomino, etc. Según el Libro Genealógico, la proporción de capas es la siguiente:
| Negro: 12,6% | Alazán: 10,2% | Palomino: 5,4% | Crema/perla: 2,9% |
| Castaño: 38,5% | Bayo: 24,2% | Tordo: 6,2% | |
El ajal-teké tiene una fina piel y un pelo también muy fino, con pocas crines y cola. Generalmente cuanto menos pelo presenta el caballo más puntos recibirá por tipicidad. Como se ha indicado más arriba, algunos tekés tienen un brillo metálico ,dorado o plateado, que es espectacular a la luz del sol.
Este apreciadísimo brillo metálico se encuentra en todas las capas excepto la torda.
Talla
Según la última edición del Libro Genealógico (Volumen X), las medidas más comunes son:
| En centímetros | Machos (media) | Machos (mín-máx) | Hembras (media) | Hembras (mín-máx) |
| Altura a la cruz | 158,9 | 147-167 | 157,3 | 145-173 |
| Longitud | 160,3 | 153-170 | 159 | 144-175 |
| Tórax | 177,3 | 168-189 | 178,4 | 163-198 |
| Caña | 19,41 | 18-21 | 18,77 | 17-21 |